Guía de contenido

¿Qué son las políticas sociales? Motivos para un blog.

Entendemos por políticas sociales todas aquellas acciones legislativas encaminadas a mejorar la justicia y equidad en el seno de una sociedad. Su ámbito de actuación es diverso, ya que tanto la asistencia sanitaria, las ayudas habitacionales, las pensiones de vejez, la educación pública, la mejora de las condiciones de vida de la clase trabajadora, subsidios de accidentes, enfermedad o maternidad, entre un largo etcétera de actuaciones servirían para encuadrar este tipo de políticas.

Pese a que el asistencialismo estatal había estado presente desde hace centurias en el seno de las sociedades, los estudios sobre políticas sociales suelen coincidir en situar el gérmen de las mismas en toda una serie de iniciativas que surgieron en el siglo XIX, especialmente en sus últimas décadas. En un contexto de asentamiento de las diferentes revoluciones liberales e industrialización, las contradicciones en el seno de dichas sociedades eran alarmantes, puesto que eran claramente jerárquicas y clasistas.

El humanitarismo filosófico o paternalismo social, sin duda alguna, motivaron que desde posicionamientos conservadores, como sería el ejemplo de la Alemania de Otto von Bismarck o la misma Iglesia Católica, o desde las mismas filas del liberalismo, se empezasen a apoyar políticas encaminadas a paliar las desigualdades e injusticias que en el Capitalismo se estaban produciendo. Pero no fue únicamente amor al prójimo lo que activó este tipo de políticas, el pragmatismo, de igual modo, fue un fuerte detonante. En un contexto histórico de polarización social, en donde la lucha de clases era ago evidente y, periódicamente, se producían situaciones de conflictividad, una parte de las élites pensó que debían de ceder para asegurar su status quo.

Las políticas sociales se fueron perfeccionando hasta que, en el contexto de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, dieron un paso más allá, ya fuese mediante la creación de auténticos sistemas de Seguridad Social, como el creado en 1935 en Estados Unidos, o por la asimilación del llamado Estado del Bienestar, el cual preconizaba una sociedad en donde el estado fuese el garante e impulsor de unos mínimos derechos sociales como una sanidad o educación universales y gratuitas, diálogo y protección social en el ámbito laboral, subsidios y pensiones de todo tipo, o ayudas o cesiones habitacionales. Desde entonces y hasta finales de los años ’60 e inicios de los ’70 se vivieron los años dorados del Capitalismo: en plena competencia por la hegemonía mundial frente a las alternativas de raíz marxista, encontró en esas políticas la mejor herramienta para perpetuarse en el tiempo. Una vez vista la derrota del enemigo de bandera roja, el liberalismo no vio necesidad de seguir con la promoción de ese tipo de políticas. De poco han importado las diferentes crisis o recesiones, o que paulatinamente las distancias entre ricos y pobres, tanto a escalas locales como internacionales, sean cada vez más grandes.

Sin enemigo contra quien batirse, el liberalismo ha campado a sus anchas desde entonces, en un contexto occidental en donde la antigua identidad obrera yace marginal y diariamente humillada. Unos tiempos en donde se ha ido exportando la democracia a menudo a golpe de misil y en donde por norma de fe, se apuesta por salir de las recesiones, crisis y depresiones periódica, una vez tras otra, a golpe de optimismo ciego y sin rumbo, confiando en los avances de la tecnología, la especulación, el aumento de los beneficios a cambio de la reducción de costes y, sin duda alguna, el desplome más o menos acelerado de todo aquello que el estado gestionaba en el ámbito de las políticas sociales. En los últimos tiempos, también se ha dado el caso de recortes sociales acelerados por culpa de la socialización de la deuda de la banca u otros sectores “estratégicos”.

Hay algunas limitaciones que expongo de entrada en este blog, la primera de ellas es la relativa a que se centra, pese a la intención de darle un análisis transnacional, básicamente en el mundo occidental. Y dentro del mismo, se concentra en la deriva de las políticas sociales en el seno de las sociedades liberales y, al mismo tiempo, en movimientos históricos que lucharon por una salida revolucionaria. La cronología tiene también sus límites, puesto que se concentra entre el siglo XIX y los primeros años tras la Segunda Guerra Mundial. Por lo tanto, no se centra en el análisis, por ejemplo, de las políticas sociales bajo regímenes fascistas, aunque al mencionarse el caso de España en varias ocasiones, algunas luces indirectamente se pueden intuir. Más gravoso resulta que no se comente nada de políticas sociales bajo regímenes socialistas, como podían ser los casos de la antigua Unión Soviética o de China, pero por alguna cosa se empieza, y dada la naturaleza flexible de un blog, puede quedar abierto a reformas y mejoras.

En este sentido, cualquier persona puede participar mediante comentarios en cualquier parte de este proyecto, así se pueden hacer observaciones, correcciones, mejoras o sugerencias y, no lo menospreciemos, abierto a debates. Se respetarán todas las opiniones y únicamente no se aceptaran y eliminaran comentarios si se fundamentan en insultos o, por contra, actitudes xenófobas y/o machistas.

A continuación la guía de contenido de este blog:

Las politicas sociales hasta la Segunda Guerra Mundial.

La antesala de la Revolución. Políticas sociales desde abajo

Epílogo. Notas sobre actualidad. Políticas sociales en la época de las clases medias.

 

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11 comentarios en “Guía de contenido

  1. Sin ningun lugar a dudas, Keynes es un autor de gran importancia que todavía tiene mucha relevancia. Sin ir más lejos, Alberto Garzón le regaló un libro suyo a Rajoy y la gente de Podemos también lo ha reivindicado. Pero no deberíamos tomar a Keynes como un líder progresista. Hay quien dijo que Keynes era un liberal-capitalista muy espabilado que le tenía miedo a la revolución.
    El año pasado en una asignatura vinos, muy superficialmente, los debates entre Keynes y Hayek. Tras la Segunda Guerra Mundial, parecía que el debate lo había ganado Keynes, pero actualmente Hayek tiene más prestigio.

    Por otra parte, también me ha llamado la atención la explicación referente a la Institución Libre de Enseñanza. Se trata de una Institución que no conozco demasiado, pero me despierta la curiosidad. Quizás esté un poco idealizada tras la derrota de la guerra.

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    1. Creo que más allá de las diferencias evientes entre Keynes y Hayek, habría que mirar sus similitudes: ambos se muestran partidarios del liberalismo y contrario a los socialismos y fascismos. En este sentido, ambos son liberales y también capitalistas. Hayek, presumiblemente como también Angel Merkel en nuestros días, era un enemigo acérrimo de las situaciones de inflación como él pudo vivir en Viena tras la Gran Guerra. Así pues las teorías keynesianasm que a su cariz inflacionista sumaban una intromisión del estado en asuntos económicos, era normal que causasen debates con otros economistas como Hayek, pero en el fondo, ambos representan dos estrategias diferenciadas dentro del liberalismo, aunque no dejan de ser, ambos igual de liberales, puesto que ambos buscaban la supervivencia del sistema.

      Otro aspecto bien distinto es quien a posteriori reivindica a cual o tal, como muy bien comentas. No deja de ser curioso que comunistas del siglo XXI, como Alberto Garzón, regalen libros de Keynes a Rajoy, ¿Síntoma que el comunismo está de capa caída?

      He hecho mención por la ILE porque el terreno educativo, pese a formar parte de las políticas sociales, normalmente queda un poco descolgado. En cualquier caso, la ILE es un caso de estudio muy interesante y que fue más allá del estricto ámbito de las corrientes liberales, puesto que una parte del obrerismo, enmarcarcado en el contexto de renovación pedagógica, colaboró o participó en dichas iniciativas, aunque no siempre se puede decir que con total apoyo o ilusión. Marian Burgès, un obrero miembro de la FTRE e impulsor de la Academia de Bellas Artes de Sabadell, escribió sobre la ILE en Sabadell las siguientes palabras a inicios del siglo XX: “Hem estat enganyats durant molt temps, hem menjat escoles laiques, que han sigut com totes, cares i dolentes, i és hora d’exigirals que les dirigeixen canvi de rumb” (BURGÈS, M. “Ensenyança laica”. Germinal, nº28 (1904), p. 3).

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      1. Lo más destacable a mí parecer es que en ningún caso las políticas sociales nacen para resolver los problemas existentes, sino para mantener el sistema liberal y el status quo social. Ciertamente no se ha hablado del sistema soviético o el cubano, pero en los sistemas de seguridad social o Estado de Bienestar occidentales siempre encontramos esa intención de paliar o apaciguar posibles revoluciones. Especialmente interesante es la creación del Estado del Bienestar, confrontándolo al sistema soviético. Creo necesario y pedagógico a nivel social hacer entender que si en la actualidad se desmonta el bienestar a pasos agigantados se debe a la falta de alternativas. El liberalismo y el capitalismo pueden campar a sus anchas, en una sociedad todavía «conforme» con un cada vez más débil sistema de bienestar.

        En cuanto a Bismarck, fue un genio en este ámbito. No sólo aplicó políticas sociales -de contención-, sino que mediante otras acciones -como colocar una placa sobre el Reichstag donde ponía “Del pueblo alemán (Dem deutschen volke)”- se asegura una cierta apariencia de participación política amplia, aunque la detestara.

        Respecto al debate Keynes y Hayek, aunque este último pueda tener más prestigio actualmente, está más vinculado al mundo académico. La presencia de Keynes es casi mediática y recuerdo haberla visto en todos mis libros de texto en el instituto e incluso en clases universitarias. La gran diferencia radicaría en sus experiencias y, en el caso de Keynes, hasta donde conozco, intentó emular principios de los socialistas que estaban articulando lo que conocemos como el socialismo nórdico. Hayek, como germano, no puede escapar a esa obsesión por el control del gasto, los déficit, etc.

        Respecto a la ILE, me parece fundamental su vinculación con la Junta para la Ampliación de Estudios (JAE). Esta asociación, matriz del actual CSIC, trajo aires nuevos al mundo de investigación español y quién sabe qué hubiera pasado si hubiera continuado tal cual se formuló hasta 1939, pero eso ya es Historia ficción.

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      2. Creo importante destacar como, en cualquier caso, las políticas sociales no nacen con la finalidad de solventar las problemáticas de la clase trabajadora. Desde Bismarck a Keynes se crean sistemas de protección social destinado a contener la lucha de clases y, por lo tanto, mantener el modelo liberal y el status quo social. No se ha hablado en el blog de la Unión Soviético o de Cuba, pero ese sería ya otro tema. En definitiva, estos sistemas de protección se construyen en oposición o alternativa a otros modelos. Por lo tanto, no es de extrañar que a día de hoy, ante la falta de alternativas y debido al «conformismo» con los obtenido y el miedo al cambio de la clase trabajadora, el sistema liberal esté desmontando una política social de contención.

        Lo que es innegable es la maestría de Bismarck en resolver los problemas que se le presentaban. No sólo creó políticas sociales de contención de la clase obrera, sino que mediante otras medidas -como la colocación de una placa sobre el Reichstag que todavía hoy dice “Al pueblo alemán (Dem deutsche volke)”- aseguraba la creación de supuesta participación política de todos los espectros de la sociedad. Al fin y al cabo utilizó la conciencia nacional como vehículo conductor del país y para frenar los socialismos emergentes.

        En cuanto al debate Keynes – Hayek, pese a que este último goza de buena salud en el mundo académico, creo que en general, y especialmente a nivel mediático, Keynes gana la partida por goleada. Desde los libros de textos de secundaria a las aulas universitarias y la prensa su presencia suele ser mayor, al menos en ámbitos historiográficos. Creo que lo importante es recalcar que la diferencia se sitúa en su procedencia e influencia. Si Hayek no podía evitar su obsesión germana con el gasto, Keynes, hasta donde tengo entendido, se dejó influenciar por la escuela del nuevo socialismo escandinavo.

        Por último, considero muy importante el papel de la Institución Libere de Enseñanza en España, especialmente en lo que la vincula a la Junta de Ampliación de Estudios (JAE). Esta organización, que también goza de buena salud en estudios recientes sobre la universidad española, fue capital para el avance en la investigación y el mundo académico antes de la guerra. Su heredera, el CSIC, ya es otra historia.

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  2. Espero que no se esté repitiendo, pero he intentado publicar dos veces y no me aparece el contenido. Lamento si termina saliendo varias veces.

    Creo importante destacar como, en cualquier caso, las políticas sociales no nacen con la finalidad de solventar las problemáticas de la clase trabajadora. Desde Bismarck a Keynes se crean sistemas de protección social destinado a contener la lucha de clases y, por lo tanto, mantener el modelo liberal y el status quo social. No se ha hablado en el blog de la Unión Soviético o de Cuba, pero ese sería ya otro tema. En definitiva, estos sistemas de protección se construyen en oposición o alternativa a otros modelos. Por lo tanto, no es de extrañar que a día de hoy, ante la falta de alternativas y debido al «conformismo» con los obtenido y el miedo al cambio de la clase trabajadora, el sistema liberal esté desmontando una política social de contención.

    Lo que es innegable es la maestría de Bismarck en resolver los problemas que se le presentaban. No sólo creó políticas sociales de contención de la clase obrera, sino que mediante otras medidas -como la colocación de una placa sobre el Reichstag que todavía hoy dice “Al pueblo alemán (Dem deutsche volke)”- aseguraba la creación de supuesta participación política de todos los espectros de la sociedad. Al fin y al cabo utilizó la conciencia nacional como vehículo conductor del país y para frenar los socialismos emergentes.

    En cuanto al debate Keynes – Hayek, pese a que este último goza de buena salud en el mundo académico, creo que en general, y especialmente a nivel mediático, Keynes gana la partida por goleada. Desde los libros de textos de secundaria a las aulas universitarias y la prensa su presencia suele ser mayor, al menos en ámbitos historiográficos. Creo que lo importante es recalcar que la diferencia se sitúa en su procedencia e influencia. Si Hayek no podía evitar su obsesión germana con el gasto, Keynes, hasta donde tengo entendido, se dejó influenciar por la escuela del nuevo socialismo escandinavo.

    Por último, considero muy importante el papel de la Institución Libere de Enseñanza en España, especialmente en lo que la vincula a la Junta de Ampliación de Estudios (JAE). Esta organización, que también goza de buena salud en estudios recientes sobre la universidad española, fue capital para el avance en la investigación y el mundo académico antes de la guerra. Su heredera, el CSIC, ya es otra historia.

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    1. Sí , creo que se ha repetido el post, misterios de la informática.
      En gran parte de acuerdo con lo que planteas en los diferentes comentarios que se han repetido. La escasa conciencia de clase y reivindicativa, a día do e hoy, es uno de los factores que nos hacen entender el predominio, en la práctica, de “Hayek” frente a “Keynes”, del neoliberalismo frente a las políticas keynesianas.

      Decir que, y ahora lo digo de memoria, Keynes conoció de primera mano la Revolución Rusa iniciada en 1917, y publicó alguna cosa sobre el tema, en el sentido que no era un sistema adecuado o recambio del capitalismo, mostrándose muy contrario a sus principios.

      En cualquier caso y volviendo a la actualidad, quizá sea una muestra de la poca conciencia de clase cuando, por ejemplo, ayer (20/01/2016) en las noticias apareció una que afirmaba que la factoría de SEAT perdería la producción de un modelo de coche pero que ganaría otro en los próximos años. Más allá del dato, lo curioso fue ver al presidente sindicalista del Comité de Empresa, el cual, sin que nadie se lo pidiera, anunciaba que estaban dispuestos a “flexibilizar” las condiciones laborales para asegurar la plena producción. Todo un detalle como, a día de hoy, hasta instrumentos de clase como los sindicatos, se muestran vacíos en este sentido y apuestan por remar en el mismo barco que la gran patronal y empresariado en general…

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      1. En este sentido, me parece interesante el fragmento de texto del anarquista Albert Libertad y extrapolable su reflexión a nuestros tiempos. Además de advertirnos de los peligros de mitificar a la clase trabajadora creo que nos plantea de forma muy simple el primer paso hacia la revolución; que la clase trabajadora adquiera la conciencia de su existencia como clase oprimida. La ausencia de la conciencia o la identidad en cualquier grupo oprimido hace imposible el cambio y el control de su futuro. ¿Y como hacerlo si enfrente está la gran maquinaria del capitalismo para neutralizar cualquier tipo de intento en esa dirección? Incluso, como has dicho, si los sindicatos están remando en el mismo barco que los empresarios.

        La lucha de clases para los opresores es como jugar con una cometa, en momentos de tensión y mucho viento tienen dos opciones; o no soltar nada de cuerda y tener todas la probabilidades de que se caiga, o soltar un poco de cuerda, que que se aleje pero siempre controlada. Soltar la cuerda es implantar las políticas sociales, pero es en respuesta a la tensión creada por la clase trabajadora. En ese sentido es innegable la mejora de las condiciones de vida cuando se implantan las políticas sociales pero lo que hay que intentar es que soltar la cuerda no signifique la estabilización de la cometa ni la desactivación del viento.

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  3. Ciertamente la ILE es una institución muy interesante, y sus iniciativas, como comentas, han tenido consecuencias positivas. Si tienes interés en el tema, en la web de la ILE (Fundación Giner de los Ríos), encontrarás bastantres referencias a fuentes y otros documentos útiles: http://www.fundacionginer.org/

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  4. Si algo podemos aprender del estudio del pasado es que la humanidad parece no querer cambiar nunca, por lo cual, se dedica a repetir constantemente los errores del pasado. Por otra parte, nos queda claro que el capitalismo es un sistema altamente pragmático, capaz de tomar decisiones que ponen en jaque su propia existencia. Digo esto porqué, un sistema que a finales del XIX vio el peligro al que se enfrentaba al no garantizar un mínimo de derechos sociales, se reformó haciendo concesiones de carácter paternalista, seguidas de un liberalismo social, que actualmente están desapareciendo de un plumazo.
    Esto no es un halago. No creo que ninguna de estas políticas sociales obedeciera a un verdadero intento de garantizar una sociedad más justa para todos. Todo esto fue una muestra de este pragmatismo del que hablo, de renunciar y conceder para proteger un statu quo que se ha ido perpetuando en el tiempo y que ha mantenido a la gran mayoría de la población humana en un amplio estado de desamparo. Gente como Theodore Roosevelt desplegó toda una política de lucha contra monopolios, consciente de que su excesivo poder era perjudicial para los trabajadores y consumidores. Luego tenemos a Keynes y Hayek, como ya se ha dicho. El primero, capitalista convencido, no tuvo problema en situarse al lado de la “burguesía educada” en caso de una lucha de clases, lo cual nos muestra que, pese a su atención al nivel de vida de las personas, su teoría no es más que una revisión del capitalismo para evitar su desaparición. En general, las políticas sociales parecen estar dedicadas, sin que sus teóricos quieran verlo, a corregir las contradicciones inherentes del propio sistema que defienden, y por eso se perpetúan.
    Hablando de contradicciones, creo que ni siquiera el capitalismo actual sería del agrado de sus históricos defensores. Pensadores como Adam Smith o el propio Hayek creían en un capitalismo distinto. Uno con un estado limitado, pero que, al basar su razón de existir en la no-intervención estatal y el laissez-faire, sería un garante de bienes y productos al alcance de todos. También creían en una sociedad de individuos formados y capaces de conocer y saber vivir bajo este sistema democrático que produce, aunque no asegure unos mínimos de salud. Los actuales Estados Unidos parecen el paradigma del neoliberalismo, sin embargo ¿un estado que gasta 2 billones de dólares de su presupuesto en su ejército puede ser neoliberal? ¿No es eso una contradicción?
    Finalmente, y como ya han comentado algunos compañeros, uno de los grandes triunfos del capitalismo neoliberal ha sido la destrucción de consciencia de la clase trabajadora, que junto a la demonización de todo aquello marxista, socialista, anarquista, etc, ha conseguido que todo aquello que tenga un discurso mínimamente reformista o subversivo contra el sistema sea tachado de bárbaro o populista por el estado y los medios de comunicación. El bien siempre viene de la derecha, aunque sea paternalista. Y es por eso que actualmente se necesita más que nunca a una nueva izquierda que teorice en el hoy. Sin ella, esta sangría de derechos sociales que estamos viviendo continuará hasta las últimas consecuencias.

    Un saludo y nos vemos en clase!

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  5. A estas alturas creo que los aspectos más importante de los textos del blog ya han sido expuestos en las intervenciones de los compañeros, por eso quisiera exponer dos ideas que me han llamado mucho la atención, el fragmento del programa Salvados que hace referencia a los “canis” o “chonis” y el texto de Albert Libertad.
    En mi caso particular, crecí entre las décadas de los 80 y los 90 y como hija de padre obrero de la industria metalúrgica, que había padecido en sus propias carnes los efectos devastadores de la crisis económica de los 70-80, me enseñaron que lo que importaba en la vida era trabajar muy duro para llegar a algo más. Es decir, conseguir el “Sueño Americano” a la española, tener un buen trabajo (sí, no es un mito, entre finales de los 90 y principios del 2000 eso era algo que se podía tener con bastante facilidad) que te permitiera comprarte un coche, un piso y hacer de vez en cuando algún viaje. En parte se trataba de conseguir formar parte de la clase media, de tener ese piso en propiedad comprado por planos que se encontraba en una zona de nueva construcción, cerca de colegios (de nueva construcción) y de supermercados y centros sanitarios (de nueva construcción) ideal para parejitas que querían empezar una vida en común. Luego explotó la burbuja inmobiliaria y llegaron conceptos como los bonos basura, las preferentes, el paro galopante, los recortes en sanidad y educación, los desahucio, que nos dejaron con cara de tontos. Entonces te pones a mirar la tele, para ver que se dice , si a alguien le parece normal lo que está pasando y te encuentras con una parrilla televisiva llena de programas absurdos como “Gandia Shore”, “Gran Hermano” y por supuesto “Sálvame”, sin olvidarnos de “Mujeres y Hombres y Viceversa”, que ya es la repanocha. Programas de televisión cutres en los que se premia ser un vago, un faltón, un analfabeto, una rémora que lo único que tiene que hacer es tumbarse en un sofá a la espera de cobrar un sustancioso premio. La imagen de la “choni” poligonera que sus ambiciones en la vida son su aspecto y la posibilidad de concursar en uno de los programas antes mencionados.
    Entonces me pregunto, ¿Dónde ha ido a parar todo aquello por lo que lucharon nuestros padres?, ¿Dónde está el resultado de aquellas huelgas contundentes de los 80?, ¿Qué ha sido de aquellas reivindicaciones que hacía la clase obrera?. ¿Qué ha sido de aquellos sindicatos, que como se ha comentado, reman en el barco ajeno?. Desde los diferentes gobiernos se fomentaron políticas sociales en épocas de “vacas gordas” que consiguieron “atontar” a la población, “para qué reivindicar un derecho si tengo todo lo que necesito”. El problema llegó cuando entraron en escena “la vacas flacas”, entonces sí que se pudo ver que la clase obrera no tenía el vocabulario ni las herramientas necesarias para defender lo que era legítimante suyo y no le quedó otra que aceptar las consecuencias de la crisis y, como dice Libertad en el texto, ajustarse un agujero más del cinturón. El mismo Albert culpa a la propia clase obrera “a los miserables de pana y alpargata, por su condición de serviles y de consentidores de su lugar subalterno”. Entonces la clase obrera tiene mucho trabajo por delante, en lo que se refiere incluso en el aprendizaje de unos conceptos que habían sido borrados por el crecimiento económico. Como señala Owen Jones, “la izquierda debe encontrar una nueva forma de comunicación y aprender de la derecha” (de su manera de comunicarse).

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  6. En primer lugar, considero que debo disculparme por no haber escrito con anterioridad en el foro que nos ocupa, debido a motivos laborales no he podido participar hasta ahora. En segundo lugar, mencionar que mi aportación se centrará en las características básicas del llamado “Estado del bienestar” i sus consecuencias directas en el ámbito social y cultural .

    Primeramente, observamos que uno de los rasgos fundamentales y característicos del siglo XX fue el intervencionismo estatal en sectores tant básicos como la economía, la política industrial, la creación de riqueza, entre otros. Destacamos que las políticas intervencionistas se produjeron de una manera absoluta en los sistemas económicos comunistas. Sin embargo, su extremada rigidez no permitió compaginar los avances sociales con las libertades individuales y colectivas. La consecuencia final de este tipo de sistemas intervencionistas fue su propia desaparición a finales del siglo XX. Por lo que a las democracias liberales se refiere, debemos tener en cuenta que también siguieron el mismo camino tras la Gran Depresión de 1929, a partir de la cual, fue necesaria la intervención estatal en los sectores económicos y financieros con el objetivo de evitarla repetición de situaciones semejantes. Como es bien sabido, este sistema intervencionista llegó a toda la sociedad mediante la elaboración de: planes de grandes obras públicas, como por ejemplo, infraestructuras; sanidad; asistencia social; educación; entre otros.

    Mencionado este punto, observamos que todo este proceso derivó en el establecimiento del estado del bienestar, a partir del cual, la actividad estatal debía ocuparse de ofrecer a los ciudadanos un conjunto de servicios fundamentales, además de una adecuada protección social. De este modo, se pusieron en funcionamiento políticas encaminadas a conformar el estado del bienestar: sistema de seguridad social; pensiones; ayudas para los desempleados; salud pública; sistema educativo generalizado y gratuito; construcción de viviendas subvencionadas; actividades para el tiempo de ocio; entre otros.

    Sin embargo, observamos que este sistema, esta función benefactora y de redistribución de la riqueza entró en crisis durante la última década del siglo XX, justo cuando muchos estados occidentales pasaron a estar dirigidos por gobiernos ultraliberales. Los nuevos gobiernos, conscientes de que el estado no podía mantener económicamente esta línea en el futuro, llevaron a cabo un conjunto de recortes drásticos. De ese modo, debido a las nuevas condiciones, grandes grupos sociales quedaron marginados, reactivándose una serie de movimientos de solidaridad y de asociaciones.

    Y, con el objetivo de concluir mi aportación en este foro, observar que, hoy en día, en pleno siglo XXI, tras vivir estos procesos de transformación, en las sociedades democráticas no se ha asumido uno de los principales retos que debería alcanzar, el de lograr la articulación de sistemas que garanticen un sólido funcionamiento del estado del bienestar.

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